Mona, al principio de la serie, la vemos como la gran amiga de Hanna, aunque poco a poco descubrimos que no es tan buena e ingenua como parece. Para entender por qué Mona es como es, hay que mirar su pasado.
El pasado que la marcó
Alison la llamaba “friki” delante de sus amigas, la menospreciaba y la aislaba del resto. Le hizo sentir que nunca sería “suficiente” para entrar en el grupo de las ‘mentirosas’.
Cuando Alison desapareció, el mundo se volvió hacia Mona. Cambió su aspecto, su forma de hablar e incluso de caminar. Quiso ser “Ali” y sentirse querida y respetada. Nunca más excluida de ningún grupo. Era su mundo ideal… Pero Aria, Emily y Spencer no la veían como Hanna, su única amiga. Ellas la seguían viendo “falsa” y algo no les terminaba de cuadrar.
Su transformación
Mona decidió ponerse su sudadera con capucha negra, escuchar rock a tope y “jugar” con ellas: espiarlas y darles de su propia medicina. Mientras mucha gente guarda su vida en el móvil, Mona supo exactamente cómo aprovecharlo a su favor.
Pudieron haberla defendido, pero ninguna lo hizo. Eso la convirtió en alguien fría y estratega, de las mejores. Aprendió a salvarse a sí misma, porque nadie más lo haría. También se convirtió en una auténtica hacker.
Se hizo la ingenua para que no sospecharan lo inteligente que era realmente. Incluso llegó a competir con Spencer en un concurso que casi nadie recuerda… y casi gana a la ‘mentirosa’ más lista del grupo: Spencer Hastings.
La injusticia final
Cuando pasó la tormenta llegó la calma, las explicaciones y el arrepentimiento. Pero las Liars nunca la perdonaron. No se fiaban de ella.
La serie nos invita a llorar por Alison, a perdonarla una y otra vez…
Pero a Mona, pese a su dolor, nunca se le concede el derecho a redimirse del todo.
Y en esa doble moral, reside su verdadera tragedia.
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